la bolsa de viaje

mayo 10th, 2011 § 1 comentario

Dos camisetas, un jersey, calcetines, bragas y sujetadores. En la bolsa de aseo: tiritas, gomina, bastoncillos, pasta y cepillo de dientes, y un montoncito de salvaslips. Cerró la cremallera y la colocó junto al montón de ropa. Se quedó de pie ante la cama, los brazos cruzados sobre el pecho, repasando lo que se tenía que llevar mientras lo iba metiendo en la bolsa de viaje. Cogió un par de condones del cajón de la mesilla y los metió en la bolsa de aseo. Volvió a abrirla y los sacó, los sostuvo en la mano, sopesándolos, y volvió a meterlos. “Es que hace mucho tiempo que no hablamos solos, tranquilamente, con tiempo por delante…” y a su novio le pareció bien que se fuera un finde a ver a su ex. Sacó los preservativos de la bolsa de aseo. Le quedaban solo unos minutos para salir. Su novio la llevaría hasta el aeropuerto y le daría un beso de despedida y le diría “cuídate, cielo, pásalo bien y recuerdos a Ignaci”.  Los sostuvo en la mano por tercera vez y no se arriesgó a dejarlos en la mesilla. Guardó la bolsa de aseo y cerró la mochila.

-Ya estoy lista, cielo. ­

Y bajó hasta el garaje, cogida de la mano de su chico.

el discurso

marzo 9th, 2011 § Dejar un comentario

El móvil en silencio en el bolsillo de la chaqueta y el nudo de la corbata amarilla, perfecto. Las notas a ordenador, aunque corregidas con boli, en la mano izquierda y la derecha la pasa por los finos cabellos que aún tapan su cabeza. Cesan los aplausos, sonríe y respira hondo. Se oye un hilo de voz a través del micro, un carraspeo y repite:

-Muchas gracias.

Pd: Me hubiera gustado estar presente.

el hombre perfecto v.2

febrero 26th, 2010 § Dejar un comentario

Abro el grifo del agua caliente y dejo que corra un poco el agua hasta que sale ardiendo. Sólo entonces pongo el tapón de la bañera y echo el gel. Un aroma de mandarina y canela impregna suavemente el baño. Cuando la espuma cubre la superficie, entro en el agua. Recojo mi pelo en un moño desordenado y me tumbo. El agua me llega hasta el cuello y  moja mis rizos del cogote. Adelanto los hombros, pego los codos a los costados y apoyo las manos sobre mis muslos. Cierro los ojos y me relajo… Solo entonces llegas tú.

la escalera

diciembre 10th, 2009 § 1 comentario

Ni subido a una escalera conseguiría besarte. Lo he intentado muchas veces, cada vez que voy de visita, qué expresión absurda. Me digo que nunca se sabe cuándo puede producirse la magia, aunque ni yo mismo me lo creo. Despacio, levantando los pies sólo lo justo para rebasar cada peldaño de la escalera, consigo subir al andamio frente a los nichos y mis labios tropiezan, de nuevo, con las letras de tu nombre grabadas en el mármol. No vuelvo más, pero eso también lo dije la última vez.

campo de girasoles

agosto 23rd, 2009 § Dejar un comentario

Nayra siempre fue una niña muy positiva y, de mayor, siguió viendo el lado bueno de las cosas. Lo que más me fascinaba era su capacidad de dormir en cualquier medio de transporte: nos sentábamos en un autobús y, antes de que arrancara, mientras seguían subiendo pasajeros, ella ya estaba durmiendo. Al principio la despertaba para que hablara conmigo pero, con el tiempo, aprendí a apreciar esa capacidad suya. Y disfrutaba mirándola dormir, a veces sonriente, otras inquieta, tanto como al contemplar las vidrieras de una iglesia, cambiantes según la luz que las alcanzara.

En el avión decidí dejarla dormir pero el sonido de las mascarillas al caer hizo que abriera un ojo, sólo uno, el derecho. Creo que aún estaba adormilada y, por eso, no sintió pánico. Parecen los girasoles del loco de pelo rojo, le gustaba llamarle así porque yo soy pelirrojo. Volvió a su letargo. Besé su frente agradecido y puse mi mano izquierda sobre su derecha, acariciándola. Visualicé los girasoles en mi mente: sus pinceladas cortas, agresivas, la paleta del amarillo al bermellón, el relieve de las cerdas del pincel en la tela… Me convertí en girasol.

*Dedicado a familiares de accidentes aéreos: a mí «me gusta pensar» que fue así.

arroz con pato

mayo 3rd, 2009 § 1 comentario

Domingo, comida familiar: arroz caldoso de pato. También ensalada con lechuga, tomate, cebolla, maíz, atún y pepino. Me niego a comer y hoy mamá no me obliga. La iaia trae un arroz con leche, para mi nieta preferida, y empiezo a comer. Los mayores se quejan del sabor amargo que ha dejado el pato. Comía demasiado pepino, repiten sin parar. Comienzo a hacer pucheros, lloro sin poderlo evitar, y trato de hablar.

-Es lo que más le gustaba a mi patito…

el hombre perfecto v.1

febrero 20th, 2009 § Dejar un comentario

Tus manos, sus ojos, una piel curtida y la altura de aquel otro, una barba medio canosa, las gafas redondas del vecino y la voz del locutor de las mañanas… Todo junto va y viene en mi cabeza… y yo también voy y vengo y vuelvo… y acabo llegando.

ciudades

febrero 16th, 2009 § Dejar un comentario

Revisito tu ciudad, la que más me gusta, ésa que una vez fue nuestra. Tú me la regalaste, cada rincón, cada fuente, cada parque… pero esta vez estoy fuera de tus planes. Ni mis mensajes ni mi pensamiento logran convocarte. La conexión se ha perdido, es normal, me dice mi amigo Manuel. Protesto. Antes, aunque hubieran pasado tres años, en unos segundos superábamos esos calambrazos del estómago al vernos… pero, claro, han pasado veintitantos… Tal vez nos hayamos cruzado, sin conocernos, los dos cambiados. Tus ojos y los míos, mucho más tristes.

el momento

febrero 5th, 2009 § 1 comentario

Fue tan solo un momento, un instante breve… y Sergio se atrevió. Sus dedos rozaron el rostro distraído de Sandra y una sonrisa azorada cruzó su mirada. El calor de su mejilla le dio el valor que necesitaba. Respiró hondo y cogió la barbilla de ella. Los dos avanzaron sus labios.

a los sesenta…

enero 30th, 2009 § 1 comentario

Cuando recién cumplí las primeras horas de casado fui consciente de dónde me había metido. Sin pensarlo, estaba casado con una mujer estupenda y yo sólo deseaba desaparecer. La tapadera, que me había parecido tan buena idea, se había transformado en una losa que me enterraba. La sensación de ahogo fue en aumento y acabé enfermando, así que suspendimos el viaje de novios. Mi mujer se desvivía en atenciones, pendiente de mí, lo que agravaba mi mal. Aproveché para refugiarme en la cama y la fiebre me ayudó a no dar explicaciones. En mis delirios de esas primeras noches, soñé una y otra vez con mis compañeros de infancia.

Crecí en un internado y casi 50 chicos dormíamos en el mismo cuarto. Dicen que las amistades de los primeros años son las más intensas… y es cierto. En la litera contigua mi amigo Juan, que se quedó a trabajar en Toledo y de allí marchó, años después, a Madrid. No se casó y vivió la vida que yo no me atreví. Al otro lado, Mariano, que era un año mayor que yo pero repitió un curso. Se hizo policía nacional y sacó destino en País Vasco… cinco años después decidió dejarlo, se volvió al pueblo y se casó. Paco era mi mejor amigo pero no lo sabía todo de mí. Y el que invade una y otra vez mis sueños es Juan…

En cuanto caía en duermevela, me rodeaba con sus brazos y le oía susurrarme “pobrecito, mi amor, pobrecito… yo te cuidaré…”, acariciaba mi cabeza y me besaba la frente. Abría los ojos y allí estaba Luisa, comprobando mi temperatura con ternura. Yo volvía a cerrar los ojos, tratando inútilmente de reencontrar a Juan. Cansado de verlo desaparecer, decidí levantarme e ir a buscarlo.

A los sesenta, las cosas ya no son tan complicadas. Estoy viudo y mis hijos ya son mayores, así que cada uno hace su vida y nos vemos poco. Yo he empezado a viajar mucho y me reúno con Juan cada varias semanas y, a veces, viajamos juntos. Él también vive solo. Tuvo una relación de casi 15 años, hasta que un día se dio cuenta de que ya no amaba a Alfredo. Entonces rompió con él y cambió de casa.

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